Lectura: Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin.

AVISO: estoy destripando la historia.

Terminología necesaria: sociedad comunista = sin Estado, sin clase y sin dinero.

Los desposeídos: una utopía ambigua es una novela de ciencia ficción escrita por Ursula K. Le Guin (1929-2018) en 1974. Se considera parte del subgénero de la ciencia ficción social porque utiliza los diversos desarrollos tecnológicos y localizaciones en universos ficticios como manera de explorar distintos modelos de sociedad.

El universo ficticio donde está situada es el Ekumen, donde ocurren las siete novelas del Ciclo de Hainish. En concreto, la acción transcurre en un sistema planetario de la estrella Tau Ceti formado por Urras (gentilicio: urrasti) y su luna, Anarres (gentilicio: anarresti), que está habitada por los descendientes quienes se exiliaron de Urras casi doscientos años antes de la acción. Estos exiliados son los odonianos, los seguidores de las ideas de la filósofa política Odo. En Urras llevaron a cabo una revolución anarquista y en el año 771 los principales Estados les consintieron quedarse con Anarres y les prometieron no molestarlos con tal de quitárselos de encima. Los odonianos migraron a Anarres y establecieron allí una sociedad que es una utopía anarquista. Más tarde descubrimos el porqué de ese subtítulo, una utopía ambigua. Como información adicional, diré que después de publicar el libro Ursula K. Le Guin escribió una historia corta llamada El día antes de la revolución, que muestra cómo es un día en la vida de Odo, en concreto el anterior a la revolución.

Antes de ir a la historia, es preciso hablar sobre las inspiraciones. Se dice que muchos de los conceptos del libro provienen de unos ensayos de Murray Bookchin llamados Anarquismo post-escasez (1971). Pasadas no muchas páginas se va teniendo claro el significado del libro: los anarresti no poseen nada, como tampoco poseían cuando vivían en Urras, donde formaban la clase trabajadora, que, como ya sabemos, trabajan por un salario y no poseen los medios de producción. No en vano, en Anarres “propietario” es una de las palabras con las connotaciones más negativas. Ursula dijo que por aquel entonces necesitaba entender su oposición a la guerra de Vietnam, y se embarcó en el estudio del pacifismo. Leyó a anarquistas que están en contra de la violencia como Paul Goodman y Piotr Kropotkin y dijo que sintió gran afinidad con sus ideas. También tiene como inspiración el taoísmo, Percy Shelley y Emma Goldman. Por último, la inspiración para crear el personaje principal vino de Oppenheimer, el físico teórico que es considerado “el padre de la bomba atómica” por su muy importante contribución al Proyecto Manhattan. Inventó algo revolucionario y cayó en las manos equivocadas, por lo que a inicios de la Guerra Fría aprovechó su prestigio como científico para intentar en vano evitar un uso militarista de la energía nuclear.

Con esto ya podemos mirar a cómo es la historia y qué tópicos se exploran:

Shevek, el protagonista, es un físico y filósofo anarresti cuya historia es contada en dos líneas temporales: una, a la que corresponden los capítulos pares, cubre su vida en Anarres desde su infancia hasta su decisión de viajar a Urras y, la otra, narrada en los capítulos impares, empieza en su partida de Anarres y discurre en Urras.

Se cuenta cómo es la infancia de Shevek, en la que ya se van apreciando los primeros choques entre el individualismo y el colectivismo dentro del anarquismo de Anarres, si bien es cierto que hay cierto momento en el que yo creo que se pasa un poco al decir que las pocas cartas que se mandan van abiertas y que cualquiera las puede leer porque lo contrario sería muy posesivo con su intimidad y “egotista”. Se ve cómo el aprendizaje en Anarres es radicalmente distinto al de aquí, y algunos eventos importantes que se narran es cómo los niños llevan a cabo un cruel experimento para averiguar por sí mismos cómo son las prisiones, que no existen en Anarres.

Más adelante, a medida que habla algo sobre la adolescencia de Shevek, el libro también pone sobre la mesa los conceptos que la sociedad anarresti tiene sobre el amor y el sexo. Cada uno se asocia con los demás como quiera. No existe la fobia a ningún tipo de orientación sexual o identidad. Si dos (y supongo que también más de dos) quieren tener actividad sexual, lo hacen y ya está. Deciden hacerlo apartados de los demás para no restregarles que están “teniendo” la oportunidad de experimentar ese placer. A menudo, aunque no siempre, los anarresti en su adolescencia son muy sexualmente activos porque el placer sexual es todavía nuevo para ellos y quieren explorarlo y descubrir sus gustos. Existen las parejas, que se llaman el uno al otro “el compañero” o “la compañera”, pues utilizar pronombres posesivos sería, bueno, posesivo.

A estas alturas, ya cuando Shevek tiene dieciocho años y se ha ofrecido a participar en cierto proyecto de plantar árboles, nos damos cuenta de cómo es Anarres: es un mundo muy árido. Los océanos tienen peces, pero en tierra firme apenas existen muy pocas especies de plantas espinosas y raquíticas que dan escasos alimentos. A pesar de que la población de Anarres es de veinte millones y están bien distribuidos a lo largo de todo el planeta, están obligados a vivir una vida muy frugal, sencilla y laboriosa para tener suficiente para sobrevivir. La diferencia entre la sociedad anarresti y la urrasti, que es capitalista, es que nunca nadie nada en la abundancia mientras otros pasan hambre, pero bien podrían estar todos pasando medio hambre, es decir, ninguno más que otro, pero todos desnutridos. Anarres es un mundo de escasos recursos que en muchas partes está lleno de un polvo que hace escocer las vías respiratorias y los ojos, y como ocurra una sequía de la poca lluvia que cae, ocurrirá una hambruna en la que habrá que racionar. El pensamiento odoniano está hecho para la frugalidad: “todo exceso es excremento” es una frase de Odo que se cita.

Eso es lo que aprovechan los “libertarios” de derecha, es decir, los de la escuela austriaca o los ancap, entre otros (cada uno es distinto, pero tienen características comunes), para decir que es que la autora no hace más que poner la excusa del planeta desértico para intentar justificar su pobreza, y que la realidad es que son pobres porque no existen ni el dinero ni la propiedad privada. No sé qué pasará que la gente pensará que como la “naturaleza humana” es ser competitivo, necesariamente tiene que existir la propiedad privada. Ya sé que cada individuo de cada especie tiene interés en propagar sus genes, pero de ahí a que exista el concepto de la propiedad privada y la sociedad se rija el liberalismo hay un buen trecho. El mercado surgió de circunstancias históricas, no porque nuestros genes nos obligaran a tener una bolsa, acumular el capital, poner precio a literalmente todo y pagar salarios quedándose porque sí con el resto del producto de la labor del trabajador. Ursula K. Le Guin consideraba a estos “libertarios” unos darwinistas sociales de extrema derecha que querían libertad total para ser ellos los que oprimieran con su capital.

Shevek con veinte años se muda a Abbenay, la mayor ciudad de Anarres. Allí, donde existe la única comunicación entre Urras y Anarres, quiere progresar en el Instituto con sus estudios que mezclan física y filosofía. Pronto ve que con sus hábitos de trabajar como un ermitaño no está progresando mucho y que Sabul, el hombre a cargo de la física en el Instituto, no hace más que impedir que se publiquen sus trabajos por considerarlos contrarios a las ideas odonianas. Se escuda en que no resultarían útiles para la comunidad para impedirlo o que por lo menos se publique mutilado e indicando falsamente su coautoría, por lo que en el supuestamente libre planeta de Anarres se está vulnerando la libertad de expresión. Sabul también quiere impedir que Shevek se comunique con los físicos de Urras. No son más que excusas que utiliza Sabul, el aprovechado envidioso que utiliza su poder como miembro de la CPD (Coordinadora de Producción y Distribución) para sabotear el éxito de Shevek, incluyendo bloquear sus peticiones de impartir física.

Shevek acaba con su aislamiento cuando se reencuentra con Bedap, un amigo de la infancia. Bedap critica que Anarres se ha centralizado y burocratizado, pues la CPD, el organismo a cargo del único punto de comunicación con Urras (un puerto espacial), tiene de facto control sobre todo y trata de promover tanto el utilitarismo comunitario que al final acaba existiendo una represión contra todo lo que no sea considerado útil, como las complicadas teorías de la Simultaneidad de Shevek y la magnífica obra de teatro de Tirin, un amigo de la infancia de Shevek. Se tacha de “egotista” y para adelante. Se ve apreciando gradualmente cómo de potente es el poder “¿qué dirán?” en esa sociedad. Siempre tienes la libertad de marcharte de un lugar donde de rechazan y convertirte en un errante, pero cualquier iniciativa que tengas podrá ser fácilmente reprimida por una comunidad que no la vea con buenos ojos.

Shevek también conoce a Takver, una mujer que había conocido un pelín en su infancia. Inician una larga y estable relación de pareja y se profesan el uno al otro un amor, respeto y lealtad mutuas admirables. No existe la artificiosidad del matrimonio, pero el vínculo de la pareja, ya tras haber tenido su primera hija, no se resintió ni cuando se tuvieron que separar durante cuatro largos años para colaborar en la lucha contra la hambruna.

Pasado mucho tiempo, después de haber presenciado Shevek violencia en la hambruna estando separado de Takver, se reúnen y vuelven a Abbenay. Allí, Shevek, Bedap y unos amigos de Bedap fundan un nuevo sindicato, pues todo en Anarres funciona de esa manera, con una asociación voluntaria que defiende unos intereses comunes. Crean el Sindicato de Iniciativas para ser ellos mismos quienes se comuniquen con Urras al margen de la CPD. Su interpretación de la libertad es que no debería estar constreñida a lo que necesite “la comunidad” y que, como revolucionarios que son todos en Anarres, no deberían resignarse, sino que deberían ser parte de una revolución permanente nunca dejando de cuestionar. Con su nuevo Sindicato pueden publicar los trabajos que Shevek por fin ha podido dedicarse a hacer, y además pueden comunicarse con físicos urrasti.

Sin embargo, en las asambleas de asistencia voluntaria se granjearon una feroz oposición de varios de los asistentes, incluyendo de Rulag, la madre de Shevek. Al mismo tiempo ocurre que Sadik, la hija mayor de Shevek y Takver, les confiesa llorando que llevan un tiempo haciéndole bullying en el centro de aprendizaje, y que la coordinadora del dormitorio de niños no hacía nada por evitarlo y le hablaba despectivamente. Anarres tiene signos preocupantes de oclocracia.

En una de las muchas conversaciones que tienen Shevek y Takver ella le convence de que sí que quiere ir a Urras para ver si allí puede desarrollar en paz su Teoría General del Tiempo. De esa manera se cumple algo que dijo Bedap años atrás cuando era adolescente: la única manera que tienen de saber cómo es Urras es ir a verlo y no simplemente oír lo que les dicen en el centro de aprendizaje sobre ello. Bedap quiere independencia total del poder de la CPD.

Y de esta manera volvemos al inicio del libro, a la historia de los capítulos impares. Shevek, con más o menos cuarenta años, despega y, en la nave, observado y también hablando con el doctor Kimoe, ya va aprendiendo algo de cómo son los urrasti. Al llegar los periodistas invaden su privacidad y se inventan algunas palabras suyas. Llega al alojamiento lujoso de la Universidad de Ieu-Eun y allí se basará en su estancia en Urras. En ese planeta hay dos principales superpotencias: A-Io, donde Shevek está, es un estado capitalista donde supuestamente hay libertad de prensa y hay una fuerte intervención económica del gobierno para evitar que ocurra de nuevo la degradación del medio ambiente; Thu es como la URSS, es decir, socialista autoritario… pero para que el Estado saque beneficio supuestamente para beneficiar a la clase trabajadora. Capitalismo de Estado que Shevek critica como “dejar la revolución a medias”. Hay una tercera gran zona llamada Benbili, que es un país pobre donde se lleva a cabo la lucha ideológica entre capitalismo y socialismo.

Inicialmente, todo lo que Shevek ve parece maravilloso. La generosa lluvia permite abundancia y exuberancia. Parece ser que todo funciona bien. Lo llevan de viaje por muchos lugares de A-Io y nunca ve nada malo. En cierto momento lo llevan a la principal calle comercial de Nio Esseia, la capital, y queda horrorizado por su fetichismo de la mercancía. Venden cacharros inútiles producidos por los trabajadores porque produce beneficio económico para el patrón. Poco a poco le van entrando ganas de mirar por su cuenta cómo son las cosas en Urras en lugar de dejarse guiar, y empieza a desconfiar más de los dos científicos que le acompañan, Saio Pae y Demaere Oiie. Un tercer científico, Chifoilisk, es un agente thuviano (de Thu) y antes de marcharse le advierte en secreto de que Pae y Oiie solo quieren aprovecharse de él para hacer un uso militarista de su teoría (claro que Thu también tiene esa intención).

Un día, en Benbili estalló una revolución contra el dictador que los de A-Io consideran democrático apoyada por Thu. Al final, con la intervención de las dos superpotencias se convierte en una guerra subsidiaria. La prensa popular es censurada en A-Io por el peligro de que la revolución también se extienda a allí. Shevek pregunta a Efor, su criado, que dónde están las explotadas clases bajas de Urras sobre las que tanto ha oído hablar en Anarres. Y a partir de aquí, lo que hay hacia la resolución de la historia es un tanto deus ex machina, es decir, que la historia pasa de ser lenta y reflexiva a avanzar a pasos forzados.

Efor le informa de las enormes e inhumanas desigualdades ocultas que no le han querido enseñar, y le facilita la huida de la vigilada universidad hacia un contacto anarquista. Cuando encuentra al contacto en una ciudad decrépita y paupérrima de la que no había oído hablar, la asociación anarquista clandestina a la que pertenece publica lo que dice Shevek y llama a huelga revolucionaria general de la misma manera que los odonianos lo hicieron. Una gran muchedumbre pacífica de anarquistas y socialistas se reúne alrededor de edificios del gobierno de A-Io y, después de que Shevek diera un emotivo discurso en el que resalta el sufrimiento compartido de todos los oprimidos, los helicópteros de la policía ametrallan a la multitud y el gobierno de A-Io se marca un Tiananmen. Bueno, lo de sacar al ejército es lo que también hizo España con las huelgas revolucionarias de 1917 y 1934. De repente, después de un capítulo par, en el siguiente impar Shevek está llegando a una embajada de la Tierra en la que solicita asilo para poder publicar su ya terminada Teoría General del Tiempo. No quiere que caiga en manos de nadie que quiera hacer un uso posesivo y egoísta de ese conocimiento, sino que quiere regalárselo a todos. Después de hacerlo, regresa a Anarres y el libro se acaba en que Ketho, un oficial hainiano de la nave, decide bajar con él a visitar Anarres.

Ese final me pareció precipitado, aunque es cierto que el libro no podía durar para siempre.

Otro aspecto que se explora en esta novela es la contraposición entre la igualdad y liberación sexual totales de la mujer en Anarres y el patriarcado de Urras, que no permite ni que las mujeres puedan ir a la universidad o estar en el recinto de la universidad. Se las considera seres de inferior entendimiento que solo están para cuidar y limpiar, una concepción que sigue existiendo en la actualidad en muchos lugares y que era universalmente aceptada salvo las muy pocas excepciones de las primeras feministas hasta ayer por la tarde. En Urras las mujeres ricas acostumbran tener la cabeza rasurada y exhibir toda clase de joyas por todo el cuerpo; ellas se consideran libres por poder gastar todo lo que quieran y hacer tantas elecciones nimias sobre su aspecto sin siquiera cuestionar su opresión.

También es cierto que hay críticas, en mi opinión con razón, que no consideran que esta novela sea feminista. La temática feminista de Los desposeídos es secundaria en relación con su reflexión sobre el anarquismo, y se ve empequeñecida por la fijación de toda la historia en torno al personaje principal masculino, que sigue más o menos el prototipo de héroe. En mi opinión, el tema del feminismo es lo suficientemente secundario en esta novela como para que yo no la considere especialmente feminista (aunque Ursula K. Le Guin sí que era feminista), y lo único que diría es que me gustó mucho cómo describió la libertad de elegir entre el amor libre y la monogamia. Aparte del final raruno, lo que me habría gustado es que desarrollara algo más el personaje de Bedap, quien fue esencial a la hora de sacar a Shevek de su crisis de ermitaño, lo que le permitió conocer a Takver e impulsar con insistencia su iniciativa. Es el mejor amigo que alguien pudiera tener.

Por último, es preciso hablar sobre el simbolismo del libro con los muros. El libro literalmente empieza describiendo el murete que separa el campo espacial del resto de Anarres. Es la única superficie de ese planeta donde está restringido el derecho de paso y se puede encontrar un cartel de “prohibido el paso”. Más adelante se sugiere que tal vez no sea que el interior de ese campo esté encerrado, sino que todo Anarres esté encerrado en su exilio fuera de ese campo y el espacio exterior con el que conecta. No sería muy desacertado describir Anarres como una colonia minera de Urras con autogobierno (o auto-nogobierno). Es la ambigüedad de esa utopía.

Shevek de niño soñó con que no era capaz de sobrepasar cierto muro que le impedía progresar. Ese muro se materializó años más tarde en él hipócrita de Sabul y todo el CPD queriendo bloquear su trabajo en esa teoría solo por “el bien común”. En la represión de Tirin, a quien obligaron a solicitar terapia, y de Salas, un amigo de Bedap cuya música fuera de los cánones nadie quería escuchar. Shevek al final sí que pudo lograr lo que quería: compartir con la humanidad entera el conocimiento que había descubierto.

A pesar de esos pequeños aspectos que no están del todo bien, como conjunto el libro me ha parecido buenísimo y en definitiva una lectura que recomiendo a todos. Pocas veces he leído algo tan increíblemente imaginativo que replantee literalmente todo lo que yo, que soy más propenso a cuestionar las cosas que la media, no cuestionaba y que además lo integre todo en una historia como esta. Es un libro excelente para que gente como yo, que casi no tenía ni idea sobre el anarquismo, aprenda sobre una alternativa al poder y la jerarquía, sea esta factible o no. Yo no sé si es posible deshacerse de absolutamente toda la autoridad y jerarquía, pero yo creo que no es tan descabellado decir que en la sociedad actual sobra bastante de eso.

Como dicen en una página web, “el éxito de Anarres no tiene mayor misterio: Los desposeídos es uno de los pocos relatos contemporáneos de una sociedad comunista y esa imaginación es necesaria para millones de nosotros”.

Para acabar esto, voy a poner aquí un cuento de Ursula K. Le Guin llamado Los que se marchan de Omelas que también es muy interesante. Una amiga me lo mencionó el año pasado y leí esa versión comentada de acceso libre que ha subido el ateneo libertario de Alcorcón.

A veces me gusta escribir cosas de ninguna temática en concreto, en especial de opinión.
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