Ley de Violencia de Género según Aristóteles, David Cabañas

El surgimiento de numerosos partidos de extrema derecha y su creciente popularidad ha supuesto la reciente reapertura de temas con un marcado carácter actual. El panorama político y social contemporáneo del país se haya profundamente dividido sobre uno de los más polémicos de hoy: la ley de violencia de género. Para procurar enfocar este asunto desde una perspectiva sensata y coherente, será estudiado en base a la información que tenemos sobre cuál sería la opinión de Aristóteles (384 – 322 a. C.) al respecto.

De entre los muchos tratados vinculados a él, el que más destaca y más conocimiento nos aporta sobre la discusión de este artículo es la Política. En esta obra, el célebre filósofo somete a examen gran cantidad de cuestiones que asolaban el momento. Uno de los problemas conductores de la obra y en los que se basa, es determinar cuál es el sistema político más conveniente y cómo debe organizarse. Como dispositivo de análisis se comienza planteando la siguiente pregunta: ¿por qué deben tener los mismos derechos quienes no son iguales?

Resulta evidente que todos no somos iguales, idénticos. Todos somos diferentes entre nosotros – aparte queda la cuestión sobre los derechos, que posteriormente se tratará – , nadie es idéntico ni la misma persona que nadie. Temiendo que esta respuesta sea pobre al recurrir a la obviedad, probaré su verdad. Planteo la siguiente pregunta: ¿cómo sería un mundo en que todos fuéramos completamente idénticos? Sería un mundo sin conflictos, sin discrepancia, sin puntos sobre los que discutir porque solo habría un único parecer, compartido por todos. Sería un mundo sin conflictos porque el acuerdo sería total. Refiriéndonos a la crítica al otro acontecería lo mismo, pues nadie insulta ni ataca a otro por hacer algo que también hace él. ¿No es absurdo que alguien critique a otro por jugar al fútbol, cuando dicha persona también juega? Sin embargo, nuestro mundo no es así, está plagado de conflictos, lo cual no es necesariamente negativo.

Una vez probado que no todos somos iguales, ¿por qué debemos tener los mismos derechos? Apliquemos esta problemática al tema que nos ocupa: la ley de violencia de género. Esta ley reconoce que los sujetos masculinos que agreden a sus parejas femeninas deben ser más duramente castigados que en los casos en que es el sujeto femenino el que agrede al masculino. Como se ha demostrado anteriormente, hombres y mujeres no son iguales, idénticos, y esto se extrapola a la necesidad. No tienen las mismas necesidades. El índice de maltrato nos indica que es la mujer quien debe ser más protegida para prevenir los ataques que potencial y actualmente sufre. Para intentar terminar con ellos se han tomado algunas medidas, entre ellas las que hoy nos ocupa. Los argumentos que arremeten contra esta ley, se basan en que todos deben tener los mismos derechos independientemente de su situación. No obstante, esto conllevaría que parten de la misma situación, y que esta cambia de manera artificial. Este razonamiento se nos antoja inválido; pues, naturalmente, por el mismo azar que conlleva el sexo del bebé, la situación en que se hallan es diferente. Para que los argumentos que vanamente procuran refutarla fueran acertados, todos los sujetos humanos deberían nacer con el mismo sexo, y aun así no resultaría ridícula una defensa de la ley de violencia de género.

Procurando no divagar ni distanciarme más en futuros esencialmente ficcionarios, retornaré al tema. Hombres y mujeres no deben tener la misma atención y protección por parte de los mecanismos jurídicos y de seguridad porque no se encuentran en las mismas condiciones; véase no solo la desviación del índice de homicidios entre ambos géneros, sino también un sexo distinto. No pueden tener los mismos derechos quienes no son iguales, según un brillante Aristóteles. Como explicación e intento de convencimiento daré un ejemplo. A quien tiene problemas con las matemáticas, se le debe proporcionar más atención e información respecto a ellas; e igualmente con quien los tiene con la lengua. Esta diferenciación no los hace ni inferiores ni superiores ni otorga ninguna relación de superioridad, al igual que acaece con la ley de violencia de género. También, el problema respecto a la elevada tasa de asesinatos pasa por una diferenciación de sexo, conque la ley que la prevenga debe fundamentarse también en ella para evitar el aumento del maltrato respecto a la mujer. No puede calificarse a esta ley de injusta pues, en palabras del mismo Aristóteles, “lo justo es dar lo igual para los iguales” y, hombres y mujeres no son idénticos (como otra evidencia más, véase la desigualdad entre el número de sujetos víctimas de violencia que pertenecen al género femenino). Sin embargo, esta ley puede ser usada legítimamente para denunciar, entre otros fenómenos contemporáneos, la hipocresía de las democracias y sistemas actuales que promulgan dictámenes cuyos valores no comparten, pero esta crítica debe ir dirigida hacia el sistema, no tiene nada que achacar a la ley de violencia de género por sí misma.

Pese a que Aristóteles no trata directamente este tema – en la Antigua Grecia no existía la ley de violencia de género -, leyendo sus observaciones, estas pueden extrapolarse a una temática contemporánea. En la Política, el objeto de la pregunta planteada inicialmente es determinar que deben ser los más virtuosos quienes ostenten el gobierno de la ciudad y no todos, pues no todos son iguales ni las mismas capacidades, pero continuando el razonamiento llevado a cabo podemos extraer otras conclusiones relativas a otras temáticas.

Este asunto resulta muy polémico; pero no solo uno puede tener una opinión sobre él a partir de telediarios e informativos, muchos libros de la historia del pensamiento ofrecen una interesante perspectiva.

-D. Cabañas

Carmen Martinez Diaz
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