¿Se debería enseñar a los niños a valorar la ética de las nuevas tecnologías?

Hay muchas veces en el día a día en las que regulamos nuestro comportamiento para que sea justo y cívico con nuestro entorno social y otras especies. Sin embargo, luego nos olvidamos de que la ética se puede aplicar a la ciencia. Con la multitud de posibilidades que se abren cada día a este ritmo de descubrimiento, es más importante que nunca saber discernir entre lo aceptable y lo inmoral.

Esta cuestión se remonta a hace bastante tiempo. Con la invención de la aviación, se le podía dar usos muy diversos. ¿Lo utilizamos comercialmente o para aniquilar ciudades enteras?

Las ciudades de Dresde, Tokio, Coventry, Guernica, Hamburgo y Pforzheim fueron destruidas por completo.

Lo mismo ocurre con la energía nuclear de fisión, descubierta en los años 30. Los nazis podrían haber sido los inventores de la bomba atómica si no los aliados no les hubiesen parado los pies a tiempo. Ellos no lo querían como fuente de electricidad. Pero en vez de proteger ese letal conocimiento para que no se utilice como arma, el principal representante de la democracia, la igualdad y la libertad lo utilizó en dos ocasiones contra la población civil en Hiroshima y Nagasaki.

En la Guerra Fría se dieron cuenta del poder destructivo que tenían al alcance de la mano, así que los Estados Unidos y la Unión Soviética trataron de evitar fricciones directas, por el bien de la humanidad.

Otros inventos como los explosivos también son fáciles de cuestionar. ¿Lo utilizamos para la minería o para esconderlos en un camión o en un chaleco?

La cohetería ¿la utilizamos para enviar satélites de investigación al espacio exterior o para albergar ojivas nucleares en misiles balísticos intercontinentales?

Los fertilizantes y pesticidas ¿los utilizamos para mejorar nuestras cosechas o para envenenar a poblaciones enteras mediante bombardeos y cámaras de gas?

Lo que pasa aquí, es que esos inventos estuvieron destinados desde el principio a ser hojas de doble filo. Conocían su poder destructivo y, estando el mundo en guerra, su uso principal fue el de arma de destrucción masiva.

Por eso prefiero centrarme en otros inventos que sin lugar a duda tienen el único propósito de mejorar muchos aspectos de la vida, la producción y la eficiencia.

Por ejemplo está la bioética, que regula todo lo que tiene que ver con la biotecnología, pues la alteración a nuestro antojo de los seres vivos tiene en muchos casos ventajas inimaginables, pero también es muy negativo.

Por eso todo el mundo debería tener una noción por lo menos básica que les permita juzgar la aceptabilidad de ciertos usos de la biotecnología.

Los alimentos transgénicos nos han hecho posible realizar milagros de los que nadie pensaba en el siglo XIX. Ahora somos capaces de cultivar arroz resistente a la creciente salinidad del agua, problema que es cada vez más grave con la reducción de los acuíferos. Somos capaces de solucionar la deficiencia de vitamina A en niños asiáticos sumidos en la pobreza porque tenemos el denominado arroz dorado, que también es fácil de cultivar. Tenemos maíz y otras plantas que son resistentes a los insectos para que no se pierdan millones de toneladas (maíz Bt).

Lo tenemos todo al alcance de la mano. Sin embargo, hoy en día la mayoría de los países prohíbe 

completamente el consumo de alimentos transgénicos directamente por la población humana, por los posibles efectos que supuestamente podría tener eso en nosotros.

Por una parte, el maíz Bt hace que los insectos vuelvan a su dieta original de antes de la introducción a escala global del maíz, pero no sabemos si el consumo de eso nos dañará a nosotros mismos. ¿No sería un poco contraproducente?

Lo mismo ocurrió con Fritz Haber, quien fue un brillante químico, inventor de un gran número de pesticidas en los años 10 y 20. Veinte años más tarde, todos sus descendientes y otros seis millones de judíos fueron asesinados en el Holocausto. Entre todas las formas de llevar a cabo la “solución final” estaban las cámaras de gas, que utilizaban Zyklon-B. 

Fritz Haber investigó mucho sobre este gas nocivo porque alteraba la respiración celular al producir cianuro al contactar con el agua. Al final no lo utilizaron contra plagas sino contra inocentes.

Todos deberíamos tener nuestra opinión propia sobre la ingeniería genética y muchos otros descubrimientos de otros campos para poner barreras antes de que sea demasiado tarde.

En el caso de la ingeniería genética, ahora mismo se están descubriendo mejores y más eficientes técnicas de manipulación genética con las que se puede dictar exactamente cómo queremos que sea el individuo que va a ser creado.

Cada vez es más tentadora la idea de crear humanos genéticamente modificados lo cual, aunque daría ventajas en cierta forma a los descendientes de esos individuos, supone un gran riesgo para esos individuos por la posibilidad de un fallo en el proceso.

Debemos estar concienciados para dibujar fronteras, porque los descubrimientos futuros abrirán las puertas a curas cada vez más complejas y extraordinarias.

En mi opinión debemos aceptar que los defectos genéticos y síndromes asociados son algo cuya existencia debemos aceptar y que, por muy negativos que sean no debemos intentar quitarlos artificialmente. Son algo natural que siempre ocurrirá a alguien, lo queramos o no.

Además, cuando se desarrollen los procesos necesarios para esas modificaciones genéticas habrá quienes lo aprovechen caprichosamente como una forma de mejorar selectivamente su descendencia para que goce de mayor inteligencia, belleza o estatura.

También es una cuestión controvertida la de la clonación terapéutica, cuyo objetivo es crear nuevos tejidos y órganos para reponer los dañados. Para lograrlo es necesario extraer el núcleo de un ovocito e introducir un núcleo de una célula del paciente, así sale un embrión con las células que originan cada tejido distinto. Claro que ayuda mucho, pero bueno, a algunos no les gusta la idea de gastar un embrión para regenerar a alguien. Al fin y al cabo, se tiene que morir pronto o tarde, porque en el futuro pasará que mantener vivo a alguien con 130 años costará demasiado.

Con esta educación regularemos la integridad de nuestro genoma en años venideros por nuestra seguridad.

En fin, todo se puede utilizar con buena o mala intención. Cualquier cosa se puede convertir en un arma o una ofensa si es eso lo que quieres. Al final lo mejor que se puede hacer es seguir investigando y aprendiendo, pero hacer un uso responsable de todo el conocimiento nuevo para ayudarnos, no para autodestruirnos. Eso es lo que necesitamos, una nueva generación más responsable y menos egoísta, caprichosa y codiciosa.

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