El parkour desde dentro

El parkour, también conocido como ‘El arte del desplazamiento’, es una disciplina que se creó a finales de los años 80 a partir de David Belle y su grupo, los Yamakasi, a partir del desarrollo del llamado «Método natural» creado por George Hérbet como un tipo de entrenamiento militar. Lo adaptaron de manera que este se llevara a cabo en entornos urbanos aunque también puede ser usado en cualquier tipo de medio. Sus practicantes se llaman Traceurs (Masculino) o Traceuses (Femenino).
El parkour consiste en ir de un punto a otro de una manera fluida y eficaz, superando cualquier obstáculo que se interponga entre dichos puntos y por supuesto única y exclusivamente valiéndote de tu cuerpo.
La única competición que hay (en principio) es con uno mismo, al tratar de superarse en cada salto y entrenamiento.
Mucha gente confunde el parkour con las acrobacias o saltos mortales, son cosas totalmente distintas aunque en ocasiones se combinan y dan lugar a una nueva disciplina: El freerunning.

Esta disciplina cada día se populariza más, debido que lo único que hace falta es ropa cómoda, unas zapatillas adecuadas y a que cualquier persona puede comenzar a entrenar parkour, eso si, cada quien adapta el entrenamiento a sus capacidades.
El parkour tiene un factor de riesgo que siempre está presente y por esto mucha gente lo critica diciendo que es peligroso. El peligro que se corre al realizar un salto lo pone cada persona, no el salto en sí, es decir; cuando un traceur o traceuse va a hacer un salto, en principio, es porque ha entrenado lo suficiente y está seguro de poder hacerlo sin correr ningún riesgo, aunque siempre algo puede salir mal. Las lesiones y las caidas vienen cuando no se está seguro de lo que se va a hacer o se quiere hacer un salto que se escapa de las capacidades de el que lo va a efectuar.
También la gente cuando nos ve saltando por la calle a veces nos dicen cosas como que somos unos vándalos, que destrozamos el mobiliario urbano y esto no es cierto, si destrozamos la zona donde entrenamos no podríamos continuar saltando ahí, es lógico.

Pero el parkour no solo es saltar, lleva tras de el una filósofía de unión, superación y compañerismo. También ayuda al que lo practica a superar situaciones cotidianas ya que no solo se entrena el cuerpo sino la mente.

Pasando ya al tema personal, empecé a saltar a los 11 años. Recuerdo que estaba en el recreo del colegio y vi a unos amigos intentando saltar una mesa a lo ancho, me llamó la antención y quise probarlo. Los siguientes dos años lo tome como una distracción, sin más. Pasado este tiempo me di cuenta que un amigo cercano también lo practicaba y a partir de ahí empezamos a entrenar juntos por Alcorcón, de aquí en adelante el parkour se convirtió en algo esencial en nuestras vidas, a día de hoy seguimos entrenando juntos. Cuando empezamos era una disciplina que casi nadie conocía en nuestra ciudad, por esto eramos practicamente los únicos chicos de nuestra edad que entrenabamos en esa época.
Al principio como eramos niños solo entrenabamos en Alcorcón, por zonas como la plaza de las columnas de Torres Bellas o el teatro Buero Vallejo. Ahora entrenamos por todo Madrid y cuando se puede, fuera de la capital.

Hace cosa de año y medio encontramos un grupo de chavales que estaban empezando, dentro de este grupo había uno que llevaba mas tiempo, empezamos a entrenar con el y decidimos formar un grupo; AUT.
Esto es una prueba de que el parkour es unión y que se conoce a muchísima gente cuando se entrena. La gente que practica esta disciplina cuando se encuentra con otra persona en alguna zona entrenando se saludan y empiezan a entrenar juntos, hablar y compartir vivencias aun sin conocerse.

En definitiva, el parkour se puede definir como «saltar para llegar de un sitio a otro» pero para los que lo practicamos es mucho más que eso.

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